El río, ese espejo de agua, que con tu calmada superficie y tu turbulenta profundidad estás ahí para deleitarme con solo levantar la cabeza. Tu porte majestuoso y extenso, y con una que otra isla natural, me deja pensativo. El color amarronado que tanto te caracteriza, también me deja hipnotizado y abstrayéndome de la realidad. Sin cerrar los ojos para no quebrar el hipnotismo, visualizo tu ondear relajante, tu sonido al chocar el oleaje contra la costa y tu olor tan característico, que tampoco escapa a mis sentidos. Tu curso serpenteante que cubre el suelo bonaerense ha sido testigo de múltiples sucesos, los cuales se guardaron en tus entrañas con el paso del tiempo. Los hubo buenos, en donde gozabas al ver cómo disfrutaban de vos, y otr...
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